Hace más de 10 días que el gobierno no logra tomar la iniciativa de la agenda pública.
Una seguidilla de temas —Adorni Week, la inflación que no perfora el 2%, empresas que cierran, desempleo en alza, el caso Libra y las internas del oficialismo— configuran un escenario incómodo: el gobierno dejó de marcar el ritmo y pasó a reaccionar.
En Argentina esto no es menor.
Porque quien pierde la agenda, pierde poder.
Un gobierno que oscila:
La situación vuelve a mostrar una característica estructural de esta gestión: su capacidad de pasar, en cuestión de días, de una posición dominante a un estado de vulnerabilidad.
Por momentos parece un gobierno que puede con todo.
Por momentos, uno que queda al borde del KO.
Siempre supimos que era un gobierno con debilidad política estructural: sin gobernadores, sin intendentes, con minoría parlamentaria.
Pero también sabíamos que esa misma fragilidad era, paradójicamente, su fortaleza: lo obligaba a ser disruptivo, a moverse rápido, a no quedar atrapado en las lógicas tradicionales.
El problema aparece cuando esa velocidad se vuelve desorden.
La comunicación líquida:
Hay un cambio más profundo en juego.
La comunicación política se volvió completamente líquida.
Las buenas noticias duran poco.
Las malas, en cambio, se instalan, se expanden y se encadenan.
Este gobierno había demostrado una habilidad clave: en medio de una crisis, pegar un golpe sobre la mesa e instalar otro tema.
Funcionar en modo disrupción permanente.
Pero hoy eso parece estar fallando.
El desgaste interno:
A diferencia de lo que ocurrió el año pasado con episodios como Libra o ANDIS, donde el famoso “triángulo de hierro” funcionaba como un bloque sólido, hoy empiezan a aparecer señales de desgaste interno.
Las crónicas desde Casa Rosada hablan de tensiones, descoordinación y filtraciones.
Y cuando eso pasa, hay una consecuencia directa:
la pérdida de control narrativo.
Porque ya no es solo lo que dice el gobierno.
Es lo que empieza a decirse sobre el gobierno, incluso desde adentro.
El problema de fondo: la credibilidad:
Recuperar la iniciativa es posible. Este gobierno ya lo hizo antes.
Pero hay una diferencia clave respecto a otros momentos:
estas crisis no solo afectan la agenda, empiezan a impactar en algo más profundo.
La credibilidad
Y cuando la credibilidad entra en juego, aparece una variable que el gobierno creía haber dejado atrás:
la duda social.
¿Puede el gobierno sostener el rumbo?
¿Tiene control de su propio equipo?
¿Está en condiciones de afrontar lo que viene?
No son preguntas de la oposición.
Son preguntas que empiezan a circular en la sociedad.
En política, como en el boxeo, no siempre pierde el que recibe el golpe más fuerte.
Pierde el que no logra volver a pararse.
Hoy, la pregunta no es si el gobierno está en problemas.
La pregunta es cuánto tarda en volver a reaccionar.
Claves de lo que viene:
1-Recuperar la iniciativa no es opcional, es urgente. El gobierno necesita volver a marcar agenda en los próximos días.
2-Orden interno o desgaste acelerado. Sin coordinación política y comunicacional, los errores seguirán amplificándose.
3-La credibilidad como nueva variable crítica. Ya no alcanza con estabilizar la macro: el desafío es sostener la confianza.

Pablo Pérez Paladino
Director en Enter Comunicación
